¿Qué es el TEA?

      El TEA son un conjunto de alteraciones que se producen porque existe un trastorno neurológico de base que afecta al desarrollo infantil y que perdura durante toda la vida de la persona. La manifestación de estas alteraciones varía mucho de un niño a otro, de ahí que se hable de un “espectro”, es decir, que existen formas diferentes en las que los síntomas se manifiestan así como variará la gravedad de una persona a otra. El TEA es más común en niños que en niñas.

     Los trastornos afectan principalmente a tres áreas del desarrollo: alteraciones en sus habilidades de comunicación y lenguaje, alteraciones en sus habilidades de interacción social, así como un repertorio de intereses muy limitado que afecta a las conductas cotidianas de la persona. También se pueden presentar algunas características inusuales tales como hipersensibilidad a algunos estímulos auditivos, táctiles, olfativos e incluso ante diferentes sabores.

En la mayoría de los casos su apariencia física es normal, aunque puede presentar diferentes alteraciones en su comportamiento. Por este motivo, hasta que no van creciendo y se observan deferencias con el desarrollo ordinario, no se perciben las señales de alerta que pueden indicar la presencia de un TEA.

     En ocasiones, el TEA puede ir acompañado de otros problemas de salud asociados como alteraciones oculares y auditivas, hiperactividad, ansiedad, epilepsia, discapacidad cognitiva, insomnio y problemas del movimiento.

     Cuando la persona alcanza la adolescencia, pueden empezar a manifestarse otros trastornos de salud mental asociados como el trastorno obsesivo compulsivo, ansiedad, depresión y otros trastornos del estado de ánimo, sobre todo en niños con autismo sin discapacidad intelectual asociada.

     El TEA es un trastorno crónico, no se cura, es decir, no desaparece a lo largo de la vida. Sin embargo, disponiendo de intervenciones y de los apoyos adecuados los niños pueden desarrollar sus habilidades en diferentes ámbitos ( social y de comunicación, rutinas diarias y otros).

     No podemos olvidar que a pesar de las intervenciones de los profesionales, la base fundamental para mejorar su desarrollo es la familia, es la que sin duda, debe hacer el trabajo más duro y de constancia absoluta, y tampoco podemos olvidar que son niños con las mismas necesidades afectivas que los demás.

     Con relativa frecuencia, se ofrecen algunos enfoques terapéuticos que defienden remedios mágicos, milagrosos y no probados científicamente, que son ineficaces y sólo van a generar más frustración a las familias, así como un gasto económico innecesario.